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Yo soy Cenote.

Yo soy Cenote.

 

Entre los mitos más populares de las culturas antiguas están aquellos protagonizados por mujeres mágicas, poderosas y en muchos casos, malignas.

Por ejemplo, las sirenas, criaturas acuáticas que encarnan a la mujer fatal de la mitología griega, eran conocidas por seducir a los marineros con sus dulces voces para arrastrarlos a la muerte. 

En la península de Yucatán, aún puede escucharse hablar de la Xtabay, (mujer – serpiente), relacionada también con el agua, ya que, en algunas leyendas mayas, este personaje surge de los cenotes (cuevas inundadas); su belleza y peculiar aroma son sus principales armas de seducción, y sus víctimas son hombres embriagados y perdidos.  

En el Estado de México, se habla de la Tlanchana, del náhuatl: atl, agua; tonan, madre; chane, ser o espíritu mágico. Según la leyenda, en la zona lacustre de la entidad existía una mujer con la mitad del cuerpo en forma de serpiente acuática, ataviada con corona y collares, y en la cintura llevaba peces, acociles y ajolotes. Dependiendo de su estado de ánimo hacía permisible o no, la pesca. Su canto, belleza y poder de transformación en una mujer de cuerpo completo, eran sus mejores trucos para seducir a los pescadores y arrastrarlos al fondo de la laguna. 

Muchos de estos mitos siguen vivos en el imaginario colectivo y en todas las leyendas hay coincidencias interesantes: son mujeres, tienen la capacidad de convertirse en seres monstruosos y/o de una belleza desbordante; seducen a los hombres para llevarlos a la muerte; además, tienen una intrínseca relación con el lado oscuro del universo.  

En pleno Siglo XXI, existen «mujeres mágicas», con habilidades extraordinarias, como aquellas que protagonizan estos mitos antiguos. Sólo que en este caso, son mujeres reales, de carne y hueso y con un mensaje positivo. Como Camila Jaber, quien a base de esfuerzo y disciplina ha desarrollado la capacidad de ir a las entrañas de la Tierra, el mundo acuoso donde todo nace. Y consigo trae un mensaje importante: la conservación de una de las reservas de agua y del patrimonio cultural, más importantes del mundo.

Como embajadora del Proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), con su voz y sus movimientos que se funden con el agua misma, Camila personifica un Cenote y nos muestra lo vulnerable que es el acuífero de la península de Yucatán.

 

Te invitamos a ver y compartir “Yo soy Cenote”, un video de Daan Verhoeven y Camila Jaber, en colaboración con el GAM. 

Yo soy Cenote.

Soy luz y oscuridad.

Mis aguas se adornan con cortinas de rayos de sol y se transforman en magia.

Estoy vivo.

Yo soy Cenote.

Soy flores que se convierten en jardines.

Soy una montaña subacuática o un bosque.

Soy colorido y vibrante.

Soy en donde se encuentran el río con el mar.

Contengo tus memorias más queridas y tus sueños más grandes.

La naturaleza me ha permitido ser ambos, el principio y el fin.

Yo soy Cenote.

Soy movimiento y quietud.

Soy raíces y árboles.

Mis aguas desencadenan ciclos de vida.

Mis aguas alimentan el suelo árido sobre mí.

Mis aguas nutren desinteresadamente.

Soy necesario.

Yo soy Cenote.

Yo soy Cenote.

Soy la fuente de vida para la selva sobre mí.

Te causaré asombro y daré inspiración.

Mis aguas son sagradas y contienen secretos.

Estoy dispuesto a compartirlos, si prestas atención.

Yo soy Cenote.

Estoy contaminado.

Soy parte de un sistema complejo pero vulnerable.

Aguas residuales y fertilizantes se filtran por el suelo hasta llegar a mí.

Necesito tu ayuda tanto como tu necesitas la mía.

Necesito tu ayuda.

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