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Descubre con el GAM – Entrevista a Camila Jaber

Camila Jaber Lara tiene el Récord Nacional Mexicano de Apnea con una profundidad de inmersión de 58 metros en la modalidad de peso constante sin aletas. Es ingeniera en Innovación y Desarrollo y activista para la conservación de los mares y océanos. Actualmente, es Embajadora del Proyecto Gran Acuífero Maya. 

En esta entrevista con Altayra Rangel, Camila comparte su pasión por el buceo libre y su interés por conservar los recursos hídricos en la Península de Yucatán.

  1. ¿Cómo fue que llegaste al buceo libre?

Nací en Ciudad del Carmen, Campeche, pero crecí aquí en Quintana Roo, en la Península de Yucatán. Desde chica me gustaba mucho el agua; practiqué natación desde muy pequeña y me gustaban muchos deportes de agua. Obviamente, en esta zona solemos ir mucho a los cenotes y estar en contacto con la naturaleza. Después, hice un curso de open water de scuba (buceo con tanque) y me gustó mucho el buceo tradicional, pero yo seguía buscando algo más, hasta que descubrí que existía esto de la apnea, el buceo libre, que, si bien hoy no es tan conocido, hace unos diez años lo era menos. Entonces, me encontré con este deporte que me permite estar debajo del agua sin necesitar equipo extra y quedé enganchada.

Camila Jaber es campeona nacional de apnea y Embajadora del Proyecto GAM. Imagen: Julien Borde
  1. Cuál es la diferencia entre sumergirte a tanta profundidad en el mar y en un cenote?

Son experiencias muy distintas: en el mar, por lo general, hay mucha luz ‒aunque conforme vas descendiendo se vuelve más tenue‒ y flotas un poco más ‒flotación positiva‒. El equipo es distinto, así como la estrategia de buceo y las sensaciones. En el mar, se escucha un ruidito de fondo, como de arena, mientras que en los cenotes el silencio es profundo. Además, en los cenotes te encuentras rodeada de una oscuridad muy especial, aunque esto depende del tipo de cenote, pues algunos sí reciben luz directa del exterior y tienes luz prácticamente todo el camino. Sin embargo, estos cenotes abiertos suelen tener una profundidad de 30 o 40 metros, mientras que los cenotes cerrados o semicerrados en los que entreno, que son más profundos, a partir de los 20-30 metros se pone realmente oscuro: es un cambio notable.

Camila Jaber asciende en un cenote de Quintana Roo. Imagen: Matthieu Duvault

¿Por qué es importante cuidar a los océanos como al agua subterránea?

Como activista, pero también como ser humano, el cuidado del agua es algo que debe importarnos a todos. Por supuesto, el haber crecido aquí y la práctica de este deporte me acercaron mucho más al agua, para desarrollar esta relación con el agua de una forma más personal, con atributos incluso espirituales, porque la apnea es un deporte desde luego muy físico, pero que también tiene una exigencia mental y te obliga a desarrollar ciertas estrategias que determinan cómo te sientes estando dentro del agua. Ese aspecto lo he ido desarrollando en el tiempo que tengo practicando la apnea, pero también como ser humano me importa, me interesa y quiero seguir teniendo acceso al agua el resto de mi vida y de la vida de las personas que me rodean. Entonces, la relación que he establecido con el agua a través de la apnea se une a la conciencia de que este es un tema cada vez más patente, que se incrementa el riesgo de perder el acceso a ella y que la crisis del agua ya es algo inminente. Por esta razón, mi actividad deportiva también está ligada al activismo.

Camila Jaber practica yoga y meditación como parte de su entrenamiento. Imagen: Mariah Pa.

¿Consideras que el cuidado del agua está relacionado de alguna manera con la equidad de género?

Sí. Justo hay un movimiento que está creciendo mucho, Latinas for change, y que lucha por la equidad de género y la justicia social, de la mano con el cuidado ambiental. Es un tema también este de ser mujer dentro de un deporte que, en tanto extremo, tiene mucha exposición a riesgos. Por ello, a menudo la participación de las mujeres queda rezagada en este tipo de actividades, pero, afortunadamente, la presencia de mujeres deportistas ha ido incrementando a pasos agigantados en la apnea.

Por otra parte, la relación entre el cambio climático y la equidad de género es relevante, pues, por las actividades que tradicionalmente son asignadas a la mujer en el cuidado del hogar, se ve significativamente más afectada por el cambio climático. Una cosa lleva a la otra y, si queremos una sociedad más consciente en temas ambientales, también se tiene que sensibilizar en temas de género y de justicia social.

Camila Jaber con Ana Celis, Jefa de Investigación, durante una de las Brigadas Universitarias. Imagen: Karla Ortega

¿Cómo ha sido hasta ahora tu colaboración con el Proyecto Gran Acuífero Maya y qué planes hay en el futuro? 

He tenido el gusto de ser Embajadora del GAM durante un par de años y es un orgullo para mí representarlos en las competencias. Mi trabajo como Embajadora es llevar su misión y difundir las actividades del Proyecto para que los asistentes a las competencias de apnea conozcan sobre lo que se está haciendo en México por la conservación del Gran Acuífero Maya.

Con los años, los cenotes han ido incrementado su presencia en el ámbito deportivo. Cada vez son más conocidos por más personas, pero para mí es muy importante que también se conozcan las amenazas que estos cuerpos de agua enfrentan. Como Embajadora, es un orgullo poder compartir este mensaje con mis compañeros apneistas, al igual que con las personas que conocen el deporte y dan seguimiento a estos logros.

Particularmente, tuve el gusto de impartir un taller de introducción a la apnea a los estudiantes que conforman las Brigadas Universitarias y a ciudadanos que están involucrados en la protección de los cenotes urbanos en Cancún. Pude compartir con ellos un día muy bonito en el cenote, porque cada uno de ellos ya tenía alguna relación particular con los cenotes ‒y quizá con la apnea también; es una de las actividades que, a veces, incluso comenzamos a realizar como un juego cuando somos niños‒. Me alegró poder darles a conocer las medidas de seguridad y las precauciones que se inculcan en este deporte y que, como está creciendo, conviene recalcar entre las personas que lo practicamos. Aunque se trate de una práctica que podemos hacer de manera intuitiva y recreativa, hay toda una parte de seguridad detrás de ella. 

Camila Jaber con jóvenes de las Brigadas Universitarias en curso de apnea. Imagen: Karla Ortega

También tuve oportunidad de participar en un campamento de las Brigadas Universitarias para llevar a cabo un monitoreo en el cenote Maravilla, que es uno de mis favoritos. Pude presenciar el «detrás de cámaras», por así decirlo, de la investigación que realizaron los estudiantes para su proyecto de grado.

Otra de las actividades en las que he participado con el equipo del GAM es el Programa de Monitoreo Ambiental y de Calidad de Agua que se realizan en alianza con la Unidad de Química de la UNAM en Sisal, Yucatán, dirigida por la Doctora Flor Árcega. De esta manera yo también voy aprendiendo un poco más acerca de las técnicas de investigación en campo y cómo se puede aplicar la apnea a la investigación de cenotes. Esta es una línea en la que me encantaría poder seguir participando. 

Has ganado el primer lugar en el concurso de arte #CreateCOP26, impulsado por Art Partner y la UNESCO con la pieza “Yo soy Cenote”, ¿cómo fue grabar las asombrosas imágenes que vemos en este audiovisual?

Yo soy Cenote es una pieza que grabamos en 2019 con el videógrafo Daan Verhoeven y música de Iván Rodríguez Expósito. Las escenas se grabaron en cinco o seis cenotes distintos y el mensaje fue creándose conforme fuimos grabando, al igual que el guión.

Tenemos dos versiones, en español (Yo soy Cenote) y en inglés (I am Cenote), con el objetivo de llegar a diferentes públicos. Me da gusto que la versión en español tiene mucha difusión gracias a la nota que publicó El País, mientras que la que está en exposición es la versión en inglés, debido a que se trata de una iniciativa que reúne a participantes de varios países.

«Yo Soy Cenote», obra audiovisual galardonada con el primer lugar en #CreateCOP26

Este fue un proyecto colaborativo, cada quien puso su talento, y me dio mucho gusto haber conseguido imprimir el mensaje que buscaba transmitir, porque entiendo que las imágenes son muy bonitas y atraen mucho, pero tampoco quería que se perdiera la importancia del mensaje, y creo que lo logramos. El final del video, creo que se trata de una parte breve, pero poderosa. La narración nos lleva hacia una parte más oscura; empezamos con mucha luz y luego poco a poco va apagándose. Me da gusto haber podido darle voz al Gran Acuífero Maya, cuando publicamos el video en línea. Luego, decidimos meterlo en esta convocatoria con el objetivo de que tuviera un poco más de trascendencia y no se quedara solamente en la plataforma de YouTube. Me siento enormemente honrada y todavía no me lo creo que haya ganado dentro de la enorme variedad de aplicaciones que se presentaron, que también me parecen asombrosas. 

  1. ¿Algún mensaje que quieras compartir con nuestros lectores?

En nuestro video ‒ahora mismo lo tengo muy presente‒, se personifica al agua y la idea es que nos cuestionemos nuestra relación con este recurso que, aunque lo percibimos como algo muy accesible y que lo usamos todos los días y a todas horas, hay un gran esfuerzo y muchas implicaciones detrás para hacer posible que llegue al grifo de nuestro hogar. Algo similar ocurre con todo lo que viene después. 

El agua es un compuesto tan especial que nos llena de vida, nos contiene y nos inspira, como para que después de usarla se vuelva un desperdicio. Hay que cuestionarnos la percepción que tenemos del agua como algo que, una vez que usamos, ya no nos sirve, para tener oportunidad de evitar o reducir la inminente crisis del agua que ya se está viviendo en muchas partes del mundo. 

Esta es una invitación a replantear nuestra relación con el agua, reconocerla como una sustancia que lleva existiendo desde el origen del planeta mismo, que ha estado en contacto con todos los seres que alguna vez han vivido en la Tierra y que hoy llega a nosotros. Se trata de comprender su valor real, para poder cuidarla adecuadamente.  

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