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Descubre con el GAM – Entrevista a Ricardo Castillo

Ricardo Castillo Miguez es socio de la empresa Dive Rite México en Playa del Carmen, con más de 20 años de experiencia en la industria del buceo. A lo largo de estos años se ha dedicado a la instrucción del buceo técnico y deportivo, al registro fotográfico y audiovisual de exploraciones subacuáticas, a la organización de viajes nacionales e internacionales, a la comercialización de equipo especializado y a la difusión del buceo como deporte. Ha colaborado con diversos medios impresos y digitales, así como en películas y documentales sobre la vida en el mar y las cuevas.

En esta entrevista con Altayra Rangel, Ricardo comparte su pasión por el buceo en cuevas y su interés por preservarlas.

Ricardo Castillo, a través de la empresa líder en buceo técnico, Dive Rite, apoya las exploraciones del Proyecto Gran Acuífero Maya. Imagen: Karla Ortega.

¿A qué edad comenzaste a bucear y cómo viviste tu primer buceo?

El mar siempre me llamó muchísimo la atención: crecí con los documentales de Jacques Cousteau, mi mamá nos llevaba a mi hermano y a mí desde muy pequeños al mar, recuerdo uno de mis primeros libros, cuando tenía 10 o 12 años, que trataba precisamente sobre las aventuras de Jacques Cousteau. Se dio la oportunidad de tomar mi primer curso de buceo cuando tenía 22 años y se convirtió en mi hobby. Hace 15 años tuve la idea de dedicarme a esto profesionalmente, aunque estudié Diseño Gráfico y Fotografía. Finalmente, tanto tiempo en el agua y tanto tiempo buceando me llevó a tomar la decisión de dejar lo que hacía para dedicarme completamente al buceo… y aquí estamos. 

Uno de los lugares que ha explorado Ricardo es el Ártico. Imagen: Ricardo Castillo

No se me olvida mi primer buceo: fue en un curso de certificación de Open Water, cerca del puerto de Veracruz, en un sitio conocido como Catedrales.  Recuerdo perfectamente cuando caímos al agua y nos acercamos al cabo para comenzar a descender, se abrió todo un mundo debajo de mis pies: los arrecifes, los peces, los colores. Inmediatamente me enganché y dije: “De aquí soy”. 

¿Qué es lo que le recomiendas a aquellas personas que desean aprender a bucear por primera vez?

Que se atrevan, que lo hagan. Una de las cosas más comunes que nos encontramos cuando la gente quiere empezar a bucear es el miedo al mar, a los tiburones o a lo que pueda ocurrir estando allá abajo. A menudo tenemos una idea equivocada de los tiburones. Mucha gente dice: “Yo le tengo mucho respecto al mar”, es una frase muy común. Pero no se trata de perder el respeto, sino de atreverse a hacer algo nuevo. Ocurre algo similar en otros deportes, como el alpinismo, paracaidismo o cualquier otra actividad que tiende a hacer que te enganches a ella. Entonces, si a la gente le llama la atención el mar, que se acerque al buceo, pues para poder practicarlo de manera constante, hay que dar el primer paso. Hasta el día de hoy no he conocido a nadie que haya tomado el curso de buceo y se arrepienta de haberlo hecho.

Islandia es uno de los países donde Ricardo realiza expediciones de buceo. Imagen: Ricardo Castillo

Podrías contarnos ¿cómo fue que conociste el proyecto Gran Acuífero Maya y qué es lo que te parece más interesante de todas las actividades que se llevan a cabo dentro de él?

Conocí a Guillermo De Anda antes de que iniciara este proyecto, porque el mundo del buceo es pequeño y no es raro que nos conozcamos entre nosotros. Más adelante conocí a Ana Celis, quien me invitó a una conferencia en la Universidad del Caribe. Continué en contacto con ellos por distintas razones y, cuando presentaron el proyecto Gran Acuífero Maya y las actividades a las que se dedicarían, me interesó mucho. Me parece que es el camino que las nuevas generaciones deben seguir para intentar rescatar o conservar lo que nos queda. La educación es la única manera de hacerlo, porque si a la gente no se le muestra lo que tenemos, difícilmente lo va a valorar, ni se va a preocupar por conservarlo.

Ricardo colabora con el equipo GAM como explorador y fotógrafo. Imagen: Ricardo Castillo

El proyecto GAM genera conciencia, educación y está comprometido con la conservación. Hoy en día, el tema de la conservación se torna bastante complejo: por un lado, está la explotación turística que se hace de toda esta región y, por el otro, es necesario buscar el modo de preservar el ambiente. Llegar a este equilibrio puede ser muy complejo, porque para conservar se busca restringir el tipo de actividades que se desarrollan en los ecosistemas, pero también sabemos que es importante que las comunidades locales se desarrollen. Creo que el GAM es un vínculo entre dichas comunidades y la gente que visita estos lugares, generando conciencia, educación y un proyecto de conservación. 

Para ti ¿qué hace único al sistema de cuevas inundadas que se encuentra debajo de la Península de Yucatán?

No tanto para mí, sino para el planeta entero, lo que hace exclusiva y tan relevante a esta zona es que se trata del sistema de cuevas inundadas más grande del mundo. Por poner una analogía, así como es para los alpinistas hablar del Everest, para los buzos es hablar de las cuevas inundadas de Quintana Roo: al día de hoy nos acercamos a los 2 mil kilómetros de cuevas y ríos subterráneos explorados ‒si no es que ya los rebasamos‒. Esto es lo que hace tan importante el sistema de cuevas de esta zona, con una extensión conocida superior a los 380 km: no hay otro igual en el mundo, es único y necesitamos conocerlo más, entenderlo mejor y protegerlo.

«Estos lugares son laboratorios que nos permiten entender de mucho mejor manera el pasado de esta zona», Ricardo. Imagen: Ricardo Castillo

Además, toda la información que resguardan las cuevas es invaluable, porque se convirtieron en una especie de cápsulas congeladas en el tiempo cuando se inundaron, al final de la última glaciación ‒en ese entonces, el nivel del mar incrementó 120-150 metros‒ y se detuvo su proceso de formación ‒son cuevas de disolución‒. Esta es la razón por la que vemos formaciones como las estalactitas y las estalagmitas, que vieron interrumpida su formación con el aumento del nivel del mar. Estos lugares son laboratorios que nos permiten entender de mucho mejor manera el pasado de esta zona. 

Ana Celis, Responsable de Investigación, estudia vasija en cenote. Imagen: Ricardo Castillo

¿Cómo fue sumergirse y grabar 100 metros bajo la cueva inundada más profunda de Quintana Roo?

Ese fue un proyecto que llevamos a cabo hace once años con el objetivo de hacer conciencia mostrándole al mundo las imágenes de este lugar, que es muy poco accesible para mucha gente. Generamos un cortometraje que pudimos exponer en varios festivales de cine alrededor del mundo y gracias al cual ganamos algunos premios. La idea era contar esta historia y, además, la relación que tenían los mayas de aquella época con el inframundo y las cuevas. Nuestra intención era mostrarle al mundo el gran valor que tienen estos lugares. Antes no había fotografías o videos de las cuevas a esa profundidad; nosotros fuimos pioneros en obtener estas imágenes en HD. 

Fue una experiencia desafiante porque implicó muchos días de intenso trabajo, planeación y un desgaste físico importante, pero, al final, fue muy satisfactorio llevar el resultado a festivales de cine en Francia, Serbia, España y México y ver la reacción de la gente: muchos no se imaginan que tenemos este sistema de cuevas aquí. 

Por último, ¿podrías compartirnos alguna reflexión sobre el cuidado del ambiente a la que hayas llegado tras haber recorrido una buena parte de nuestro país y el planeta?

Es un tema complejo. Hoy en día es indispensable que seamos conscientes de la huella que estamos dejando en el planeta como seres humanos. Me parece que una de las principales cosas que tenemos que entender es que somos demasiados seres humanos y es importante empezar a pensar en nuestra reproducción. Una de las razones por las que el mundo se encuentra sumido en esta grave crisis climática y de recursos es precisamente esa: la cantidad de recursos naturales que nuestra especie le demanda a la tierra y al mar es insostenible. 

Ese creo que es el gran problema que tenemos y sobre el cual precisamos hacer conciencia, que somos demasiados y que tenemos que dejar de exigir esa cantidad de recursos al planeta. No se trata de algo incierto que no sepamos si ocurrirá o no, porque podemos observar que ya está pasando: escuchamos cómo se viene la crisis global por el agua, la crisis global energética, una crisis global por la cantidad de combustibles fósiles que se consumen. Lo importante es hacer conciencia de los recursos que estamos demandando al planeta y que tenemos que hacer un esfuerzo para disminuir la población. Es la única manera, creo. 

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