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Descubre con el GAM – Entrevista a Flor Árcega

«Nuestro objetivo es difundir la premisa de que el acuífero no es solamente agua, sino que detrás de él está todo»

Flor Árcega Cabrera.

Licenciada en Oceanología, maestra en Ciencias con especialidad en Ecología marina y doctora en Ciencias con especialidad en Química acuática. Investigadora de la Unidad de Química de la UNAM en Sisal, Yucatán. Su principal línea de investigación es la geoquímica ambiental y la contaminación, es decir, identificar dónde se origina la contaminación, cómo se transforma y se transporta, así como el impacto tiene sobre el acuífero de Yucatán, la zona costera y la población. Es investigadora aliada en el proyecto Gran Acuífero Maya, donde colabora con estudios de calidad del agua en cenotes.

Dra. Flor Árcega. Investigadora aliada del Proyecto Gran Acuífero Maya. Foto: Pedro Almada.

Entrevista realizada por Altayra Rangel

  • Para comenzar, podría explicarnos ¿qué es un acuífero y por qué el acuífero de la península de Yucatán es un sistema tan importante y único en el mundo?

Muchas gracias por la invitación a esta entrevista, es un honor ser investigadora aliada del proyecto Gran Acuífero Maya. Respondiendo a tu pregunta, el acuífero no es otra cosa más que agua que se retiene en la matriz sedimentaria, es decir, en la roca. Esta roca puede ser muy porosa y permitir que el agua se almacene y circule dentro de esos poros o no; también puede ser que la roca sea como una especie de caja, que retenga el agua en su interior (un tipo de acuífero más delimitado). El acuífero de Yucatán tiene las características del primer caso que mencioné: es una roca muy porosa, con muchas fracturas y conductos, donde se almacena el agua en una zona que está permanentemente inundada (saturada) y otra (zona vadosa), que se llena solamente en época de lluvias cuando entra más agua al sistema. 

Esto no es algo único en el planeta, pues cualquier región que tenga propiedades tipo karst puede desarrollar un acuífero como el nuestro. Lo que sí es muy relevante del acuífero de Yucatán es que resguarda el 33% de agua dulce a nivel nacional y que su delimitación va más allá de las fronteras políticas con otros países, porque lo compartimos con nuestros vecinos del sur: es un acuífero enorme.

Cueva inundada en Quintana Roo, México. Foto: Karla Ortega
  • ¿De qué manera llega la contaminación al acuífero de la península de Yucatán?

Las características que describimos de la roca, que es porosa y tiene fracturas, permite que todo lo que se encuentra a nivel del suelo sea disuelto o transportado por la lluvia que se escurre; es así como llega hasta la tabla de agua en el subsuelo. Es por ello que el agua subterránea de la península es muy vulnerable a la contaminación. 

Ahora bien, la contaminación sabemos que proviene de múltiples fuentes: de un mal manejo de residuos sólidos y líquidos derivados de cualquiera de nuestras actividades (fuentes antropogénicas). Aquí en el estado de Yucatán solamente el 3% de las aguas residuales son tratadas, el resto se va a fosas sépticas, etc. De igual manera, existe un pésimo manejo de agroquímicos, a pesar de que se ha hecho un esfuerzo muy grande, tanto por parte del gobierno como otros miembros de la sociedad, pero ha sido insuficiente. Asimismo, el desarrollo urbano exponencial y la incapacidad para dotar a todas las viviendas de servicios, como alcantarillado, son causas que coadyuvan en la generación y liberación de sustancias contaminantes que afectan al ambiente, que terminan llegando al acuífero y, de ahí, a la zona costera.

  • ¿Cuál es el efecto que produce la contaminación que introducimos al acuífero? ¿Esta contaminación también nos afecta a quienes vivimos en la península o la visitan? 

Los niveles de contaminación pueden variar según la zona, la época del año y un gran número de factores. Incluso, cuánto afecte la contaminación a un organismo dependerá del estado de salud de este. Esto lo vemos, por ejemplo, en lo que pasa con el COVID-19: no nos causa el mismo efecto a todas las personas. De igual manera, los contaminantes no afectan por igual a todos los organismos. Generalmente, los primeros en verse afectados ‒y dónde podemos ver las primeras muestras de un impacto negativo en el ambiente‒ son los microorganismos (bacterias, microalgas, etc.). 

Además, los contaminantes que llegan al acuífero también pueden dañar la salud de los habitantes de la península. Hasta hace algunos años existía en esta región un fenómeno conocido como el “síndrome del bebé azul” relacionado con un contenido elevado de nitrato en el agua que se consume. El nitrógeno entra en la sangre y sustituye al hierro y, en consecuencia, la sangre pierde su capacidad para transportar oxígeno, provocando asfixia. Por esta razón recibió dicho nombre, porque desafortunadamente los bebés a los que se les daba el agua contaminada morían asfixiados. Esta es una situación muy grave que ha logrado disminuirse paulatinamente, pero hay muchas otras afectaciones que pueden ocurrir con la exposición crónica a los contaminantes. No es que por nadar una vez dentro de un cenote o llegar a beber un poco de esa agua vaya a haber daños, pero lo que sí hay que tener claro es que el agua del acuífero la utilizamos para todas nuestras actividades. No solo la consumimos directamente, sino que, por vías naturales, llega a la costa, a los peces y a todos los seres que allí habitan, con ella se riegan los vegetales y alimentos que se producen en la zona. Por ello es importante que la calidad del agua del acuífero se conserve lo mejor posible. 

  • ¿Considera que existe un modo sustentable de relacionarnos con el acuífero?

Definitivamente sí existe. De hecho, una de las premisas en nuestro grupo de investigación es el no solamente señalar la problemática, sino entender de dónde se deriva para poder generar una solución. Tenemos ya varios años trabajando de la mano con las autoridades gubernamentales del estado, pero también con empresas, y buscamos establecer un vínculo con diferentes instituciones educativas (tanto la UNAM como otras locales) para generar soluciones al manejo inadecuado de residuos sólidos y de aguas de desecho. 

El agua que usamos diariamente en la península de Yucatán proviene de los cenotes. Foto: Karla Ortega

Por ejemplo, estamos tratando de llevar a todas las empresas el programa “Descarga cero” para que puedan utilizar al 100% sus aguas residuales tratadas dentro de sus mismos procesos. La idea es evitar que se hagan descargas de agua residual al ambiente, sino que el agua sea constantemente retratada y aprovechada una y otra vez. Existe un sinnúmero de tecnologías mexicanas que son adecuadas para estos propósitos y que, principalmente por desconocimiento, los empresarios no han aplicado. Sin embargo, ahora que la legislación los obliga a cumplir con determinados estándares, las empresas se acercan a los centros de investigación, instituciones educativas y asociaciones civiles para conseguir un mejor manejo de las aguas residuales. 

Aquí en Yucatán estamos trabajando muy de cerca con la industria porcícola para apoyar a los productores en la no generación de aguas residuales o que estas cumplan con la nueva normativa que se dio a conocer recientemente. 

De igual manera, estamos coadyuvando al monitoreo temporal de la calidad del agua, tarea que realizamos junto al proyecto Gran Acuífero Maya. También llevamos a cabo el monitoreo en tiempo real, en el cual todos los días se hace una o varias “fotografías” de ese sistema a través de los análisis. A través de este estudio continuo es posible detectar exactamente cuándo se produce un cambio relacionado con contaminantes, con un proceso natural fuerte (lluvias u otro fenómeno meteorológico) o, incluso, algún proceso de salinización por sobreexplotación. Este sistema de monitoreo ya fue implementado aquí en Yucatán y facilita la sana convivencia entre los seres humanos y el acuífero.

  • ¿Cuáles son los trabajos de investigación que está realizando en colaboración con el proyecto Gran Acuífero Maya? 

El equipo del Gran Acuífero Maya lleva muchísimo tiempo trabajando en Quintana Roo, especialmente con los cenotes ecoturísticos. Uno de los principales objetivos, evidentemente, es que estos cenotes se conserven sanos a pesar de la influencia turística, puesto que la afluencia de turistas depende, a su vez, directamente de la calidad del agua de un cenote ‒qué tan bonito se ve, cuán limpio está el lugar, qué tan cristalina es el agua, esas cualidades que el turista busca en estos sitios‒, pero también el turismo puede tener un impacto sobre el cenote. 

Lo que planteamos nosotros con el GAM es llevar a cabo estos estudios de forma temporal ‒dos veces al año‒ para poder tener la historia ambiental de estos sistemas y, en el caso de detectar alguna situación potencialmente anómala o dañina, inmediatamente tratar de generar una solución. Podríamos decir que somos los fotógrafos, a través de nuestros análisis e investigaciones, del estado y la historia del agua en los cenotes en términos químicos. 

  • Recientemente se publicó el libro Los Ojos de Yucatán. Una ventana al mundo subterráneo, donde usted participa como coeditora y coautora. En sus páginas encontramos información geológica, hidrológica, biológica, social, histórica y hasta legal sobre el acuífero de Yucatán. Incluso, el Dr. Guillermo de Anda, fundador del Proyecto GAM, colabora con un capítulo (El lado oscuro del universo maya). Podría contarnos, ¿por qué se decidió dar un enfoque tan variado a este libro?

Estamos muy orgullosos de haber publicado esta obra, porque su edición fue un esfuerzo en conjunto con el Instituto Geológico y Minero de España y el centro de investigaciones de la UNAM en Sisal. En efecto, Guillermo nos hizo favor de concedernos un capítulo para el libro. 

El objetivo que nos propusimos con el libro es difundir la premisa de que el acuífero no es solamente agua, sino que detrás de él está todo: biología (peces endémicos que no existen en ninguna otra parte del mundo), geología (características fascinantes de la plataforma de la península de Yucatán), sociología y ecología humana (usos y costumbres del agua, la historia prehispánica, la cuestión cultural), hasta política (la normativa y sus  instrumentos, y también cómo la legislación nacional ha dejado desamparados a estos sistemas). A través del libro tratamos de ofrecer una visión integral del acuífero, puesto que de eso se trata, de un sistema donde participamos y del cual dependemos todos. 

  • Por último, ¿tiene algún mensaje que desee compartir con los lectores de esta entrevista?

Sí: necesitamos apoyo para continuar con nuestra labor, no solamente recursos económicos, sino también recursos humanos. Ya sea que se enlace la participación de más elementos a través del Gran Acuífero Maya o de la UNAM, con tesistas de licenciatura y servicio social, por ejemplo. Necesitamos de mucha gente, porque es enorme la cantidad de trabajo a realizar tanto en Yucatán como en Quintana Roo y, en un futuro, también en Campeche. 

El acuífero nos necesita a todos. Ante la vastedad de este sistema, es indispensable que nos apoyemos unos a otros. Muchas veces, a través de las asociaciones civiles, surge la ciencia ciudadana y conviene aprovechar el conocimiento que allí se genera para fortalecer la respuesta de la gente cuando se identifica un mal uso del recurso. Es necesario que también las situaciones se den a conocer a nivel gobierno para la creación de más programas de monitoreo, pero también de trabajo y vinculación seria con la sociedad y las empresas. 

A nosotros los científicos nos corresponde aportar nuestro conocimiento para facilitar la conservación del acuífero de la mejor manera y que, a final de cuentas, se vean beneficiadas con ello el agua subterránea y la zona costera de la península de Yucatán. 

Los cenotes son ventanas al acuífero de la península de Yucatán. Foto: Rodrigo Friscione.

¿Te gustaría apoyar el monitoreo de la calidad del agua en cenotes?

Al hacer una contribución, estarás ayudando a explorar, entender y proteger el acuífero de la península de Yucatán.

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